Raudo News
29 de Enero de 2019 | 11:31
Salud

Por qué la autoayuda no es psicología.

Si acuden a cualquier gran superficie o centro comercial con librería, se darán cuenta de que la sección de psicología está peligrosamente cerca de la de autoayuda. El adverbio no está mal elegido ni es injusto. Vivimos en la era de la felicidad forzosa y comercializada en tazas con mensajes positivos vacíos. No es que en sí tenga algo malo que a la gente le gusten las frases motivadoras y los productos que convierten la felicidad en un bien de consumo estético, pero también hay que saber hacer crítica de ello y ser conscientes de lo que representan. Mientras la felicidad y la motivación se venden indiscriminadamente, los trastornos mentales siguen siendo un tabú y la verdadera psicología, como la psicología junguiana o la psicoterapia actual, queda relegada a un segundo plano.

La psicología, es decir, la de verdad, no es autoayuda, por la sencilla razón de que la autoayuda parte de esa comercialización de la felicidad hegemónica de la que tanto se nutre el capitalismo. Los libros de autoayuda muy a menudo están escritos por autodenominados gurús de la mente y de las emociones, personas que creen que sus prejuicios y su manera de entender el mundo, nacida toda ella de su experiencia personal sesgada, subjetiva y seguramente afortunada, es la que debería implementarse todo el mundo. Este tipo de publicaciones solo hacen daño y, peor aún, no fomentan de verdad la investigación en el terreno de la psicología.

Asociaciones como Sepa en España sí la fomentan. Las sociedades de psicología, mediante un estudio riguroso que intenta ser empírico y nutrirse de las subjetividades para alcanzar un descubrimiento real de la menta humana, sí deberían existir. La psicología no es una ciencia exacta y nunca ha pretendido serlo, porque el estudio de la mente humana, con todas sus variantes, es complejo y ante todo contextual. Sin embargo, la Sociedad Española de Psicología Analítica analiza las teorías de Jung para estudiar la formación de los patrones psicológicos, al igual que la terapia cognitivo-conductual intenta esclarecer el impacto de dichos patrones en la formación de un trastorno. Lo demás es humo.